PRODUCCIÓN LITERARIA DE ESCRITORES DE LA GENERACIÓN DEL 30 - REALISMO SOCIAL

 Realismo Social

  • Enrique Gil Gilbert (1912-1973)
Ecuador- Guayaquil


El malo 

Leopoldo es un niño de ocho años a quien sus padres habían dejado a cargo del cuidado de su hermano menor mientras iban a trabajar. Durante toda su vida, Leopoldo había sido rechazado por los habitantes de la comunidad rural en que vivía, quienes aseveraban que era «malo» por haber sido bautizado de forma tardía y que no dejaban que ningún otro niño jugara con él o se le acercara. Al recordar las muchas responsabilidades que le habían dejado sus padres, Leopoldo se preocupa y empieza a esforzarse más por hacer dormir a su hermanito. Primero lo intenta de forma cariñosa, luego de forma brusca, aunque nada parece funcionar.

De pronto, un machete cae del techo y hiere a su hermanito. Leopoldo se asusta y al no hallar explicación empieza a pensar que el hecho había sido obra del diablo. Luego corre en busca de sus padres, quienes al volver a casa encuentran al hermanito muerto. Al enterarse, todos en el pueblo lo acusan de ser el asesino y le repiten que es malo y que en realidad era hijo del diablo.



  • José de la Cuadra (1903- 1941)
                                                            Ecuador- Guayaquil

El amor que dormía 

Halalí!

¡Vive Dios y cómo grita ese endemoniado marinero chileno!

¡Ha!-¡la-lí! ¡Juicli! Sssss…

Agotaos, muchachos; no importa. Ya descansareis cuando gracias a vuestro esfuerzo pueda el barco soltar el áncora en la bahía risueña. Pensad que será dulce el vaivén de las ondas allá… Allá, hacia donde la prora se enfila como la nariz de un rostro en expectativa.

¡Halalí! ¡Juicli! ¡Sssss!…

Tirad de los caitos sin temor a que se rompan. Arriad a prisa esas maldecidas velas que infla como ubres vacunas el vendaval.

—¡Capitán!

No; no atiende. Para, él –hinchado en el convencimiento de su misión–, soy una cosa más, que habla y que, desgraciadamente, se mueve, en este pandemoniaco movimiento del barco y del mar.

—Oye, araucano de Satanás, ¿pereceremos?

Me mira sin responder.

Tenemos dos vías de agua, allá abajo, en el alma oscura, de la nave, y toda la obra muerta de estribor ha sido barrida por las olas.

¡Cómo trina al desgajarse el palo de mesana!

¡Halalí! Ha-la-lí…

Entiendo que ha llegado el momento de pensar en Dios.

  • Adalberto Ortiz (1914-2003)
                                                        Ecuador- Esmeraldas 



La entundada 

Había una vez una princesa llamada Isabel. Aunque su nombre sonaba majestuoso, su vida no era tan encantadora como los cuentos de hadas. Vivía en un lujoso palacio, rodeada de sirvientes y vestida con trajes adornados de piedras preciosas. Sin embargo, Isabel no sonreía mucho ni se sentía verdaderamente feliz. Su constante enfado la alejaba de los demás, y su soledad la hacía aún más irritable.

Un día, Isabel decidió llamar a su hada madrina para que le concediera un deseo: quería tener amigos. Pero el hada, que no toleraba malos modales, le recordó que la amabilidad era esencial para hacer amigos. Así que, tras un pequeño berrinche, Isabel pidió por favor que el hada volviera.


  • Ángel Felicísimo Rojas (1909-2003)

                                                            Ecuador- Loja



Un Idilio

Esa temporada me dio un pesar. Hube de hacer disparates y trastornarme completamente. Odio ese recuerdo porque me estruja el corazón y me derrama la bilis en la sangre. Sin embargo, en los días que quiero atormentarme, en que gozo la voluptuosidad dolorosa de remover las cicatrices, hago desfilar este pasado que otros días temo- por delante de los ojos. Ahora vivo uno de estos ratos implacables en que soy el más tremendo enemigo de mis ridiculeces y me complace sufrir. Qué importa si esta conexión va a abrumarme de vergüenza; si Andrés Peña va a vomitar sobre sí mismo, sobre el propio ¡Andrés Peña!. Andrés Peña se perimirá el lujo -¡su único lujo!- de ser sincero, aun cuando se le encienda la cara
  • Joaquín Galllegos Lara (1909-1947)

                                                        Ecuador- Guayaquil

El guaraguo

Era una especie de hombre. Huraño, solo: con una escopeta de cargar por la boca un guaraguao.


Un guaraguao de roja cresta, pico férreo, cuello aguarico, grandes uñas y plumaje negro. Del porte de un pavo chico.


Un guaraguao es, naturalmente, un capitán de gallinazos. Es el que huele de más lejos la podredumbre de las bestias muertas para dirigir el enjambre.


Pero este guaraguao iba volando alrededor o posado en el cañón de te escopeta de nuestra especie de hombre.


Cazaban garzas. El hombre las tiraba y el guaraguao volaba y desde media poza las traía en las garras como un gerifalte.


Iban solamente a comprar pólvora y municiones a los pueblos. Y a vender las plumas conseguidas. Allá le decían "Chancho-rengo".



  • Demetrio Aguilera Malta (1909- 1981)
                                                       Ecuador- Guayaquil  


El cholo que odió la plata

Don Guayamabe y Banchón, dos antiguos amigos, conversan sobre los abusos que había sufrido el primero a manos de hombres blancos, quienes le habían quitado todo lo que valoraba en la vida, incluyendo sus canoas, sus hachas, sus balandras e incluso habían abusado sexualmente de su esposa. Guayamabe concluye la conversación afirmando que los blancos eran «unos desgraciados», sentimiento con el que su amigo concuerda.2

Con el pasar de los años, Banchón trabaja y hace fortuna, pero poco a poco cambia y empieza a maltratar, aprovecharse y explotar a sus antiguos compañeros. Tiempo después le llega el rumor a Guayamabe de que Banchón estaba obligando a su hija a tener relaciones sexuales con él bajo la amenaza de despedirlo, aunque aun así, posteriormente echa a Guayamabe de sus tierras alegando que estaba demasiado viejo.

Comentarios